Me gustaba más el mundo que no era Wata o Chudai. Me gustaba más el mundo donde cada cara era diferente y no dos salchichas por labios y masculinización facial. Me gustaba más el mundo cuando las colaboraciones eran genuinas y los creadores se etiquetaban en las publicaciones. Ahora la pornografía sabe a menestra de verduras, donde la patata sabe a la zanahoria, la zanahoria sabe al guisante, y el guisante a la judía verde. Todo es un caldo ácido. Todo me sabe a lo mismo. Un mundo sin alma, una realidad perfecta y vacía, como una foto hecha con IA.